La Gran Apostasía
Apostasía es el hecho de que las personas, la Iglesia o naciones enteras se aparten de la verdad.
La Gran Apostasía se dio tras la muerte de los Apóstoles de Jesucristo; Amós lo predijo ese tiempo en Amós 8:11-12: “He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová”.
En los días de la Apostasía se perdieron o se tergiversaron grandes verdaderas del Evangelio de Jesucristo, y esto más que todo se debió a la pérdida del Sacerdocio en la tierra.
Jesucristo durante su ministerio terrenal, enseñó Su Evangelio verdadero, llamó a doce apóstoles y les dio la autoridad para actuar en su nombre. En Lucas 6:13 dice: “Y cuando era de día, llamó a Sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles”.
A sus apóstoles, Jesucristo les dio la autoridad del Sacerdocio, para que ellos pudieran realizar ordenanzas como el bautismo, la confirmación (dar el Espíritu Santo), etc. Nadie más que ellos, en aquél tiempo, tenía la autoridad para realizar este tipo de ordenanzas en el nombre de Jesucristo. En Hebreos 5:4 se explica: “Y nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón”.
Aun estando Jesucristo en esta tierra enseñando las maravillas del Evangelio y pregonando las buenas nuevas, hubieron muchas personas que le persiguieron y desearon su muerte. Al ser enjuiciado y condenado a muerte injustamente, Sus apóstoles quedaron a cargo de la Iglesia, y tenían la autoridad para hacerlo, Jesucristo mismo le dijo a Pedro: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro y sobre esta roca edificaré mi Iglesia…” (Mateo 16:18).
No estando conformes con la muerte de Jesucristo, los enemigos de la Iglesia y el cristianismo siguieron con la persecución de los apóstoles y los miembros de la Iglesia. Uno a uno fueron matando a los apóstoles de Jesucristo, dejando la tierra sin nadie con la autoridad del Sacerdocio; también empezaron a cambiar las ordenanzas del Evangelio y a predicar según su propio entendimiento, aun cuando las escrituras enseñan que no hay otro Evangelio sino el que enseñó Jesucristo. En Gálatas 1:6-9 dice: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un Evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el Evangelio de Cristo. Más si aún nosotros o un ángel del cielo, os anunciare otro Evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente Evangelio del que habéis recibido, sea anatema”.
Al morir los apóstoles, la tierra quedó sin la autoridad del Sacerdocio, no había quien actuara en el nombre del Señor; la Iglesia fue profanada y hubieron hombres que se llamaron así mismos para gobernarla, cambiando las ordenanzas y tergiversando las verdaderas. Con todo esto, se produjo la Gran Apostasía. Esta gran Apostasía había sido predicha, en 2 Tesalonicenses 2:3-4, dice, refiriéndose a la Segunda Venida de Jesucristo: “Nadie os engañe de ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios, como Dios, haciéndose pasar por Dios”.
James E. Talmage escribió que las causas internas de mayor importancia que causaron la apostasía de la Iglesia Primitiva se pueden bosquejar en esta forma: 1. La Corrupción de las doctrinas sencillas del Evangelio de Cristo al mezclarlas con los sistemas filosóficos así llamados.
2. Aditamentos desautorizados a los ritos prescritos de la Iglesia y la introducción de graves alteraciones en las ordenanzas esenciales.
3. Cambios desautorizados en la organización del gobierno de la Iglesia.
Tras esta gran Apostasía y la pérdida de la verdad por tanto tiempo, era necesaria una restauración de todas las cosas, pues las escrituras enseñan: “Un Señor, una fe, un bautismo”. (Efesios 4:5).
Era necesario establecer de nuevo la Iglesia tal como Jesucristo la había organizado durante su ministerio terrenal. En Efesios 2:20 dice: “Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo”.
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