Uno de los mayores privilegios que Dios nos ha concedido, es la absoluta libertad de poder elegir por nosotros mismos, tomar nuestras propias decisiones y elegir el camino que queremos transitar.
En Helamán 14:30 (El Libro de Mormón) se nos insta a recordar (y la palabra se repite dos veces con la intención de enfatizar la importancia de mantener constantemente presente esta recomendación), que quienes perecen llegan a esa instancia debido a sus propios decisiones, y que quienes cometen injusticias e iniquidades atentan contra sí mismos.
Somos libres: Dios nos ha dado el conocimiento pero al mismo tiempo la libertad de tomar nuestras propias decisiones.
Tan valioso es este don que nos ha concedido nuestro Padre, que Satanás lleno de soberbia y rebeldía pretendió destruir el albedrío del hombre, lo que motivó que fuera expulsado del Reino Celestial por el poder de Jesucristo, y arrastró consigo a un tercera parte de los hijos de Dios, quedando privados de tener un cuerpo carnal y las experiencias terrenales que el mismo posibilita.
Este importantísimo episodio donde Lucifer fue expulsado, se conoce como La Guerra de los Cielos.
Apocalipsis 12:7-9 relata de manera muy clara este suceso: “Y hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles, pero no prevalecieron, ni fue hallado mas lugar en el cielo. Y fue lanzado fuera aquel gran dragón, la serpiente antigua, que se llama Diablo y Satanás, quien engaña a todo el mundo; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él”.
Este conflicto continúa todavía en nuestros días, porque a la lucha contra las debilidades de nuestra naturaleza carnal y a las fascinaciones del mundo, nos enfrentamos también a este enemigo espiritual y a sus huestes de maldad, que solo procuran nuestra ruina y destrucción, al incitarnos a utilizar equivocadamente nuestro libre albedrío, y tomar decisiones contrarias a la voluntad y a los mandamientos de Dios
Por eso, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (conocida también como Iglesia Mormona), exhorta constante y denodadamente a los hombres, por medio de sus profetas y la gran multitud de misioneros que recorren el mundo, a ejercitar con sabiduría y responsabilidad el libre albedrío del que gozamos, para poder ganar la carrera que tenemos por delante en esta vida en la tierra, cuya meta es la vida eterna junto a Dios.
Los mormones enseñan al mundo que aquellos que guarden su primer estado, recibirán más que todavía y aumentarán su gloria; pero aquellos que no lo guarden no compartirán la gloria con los justos. (Abraham 3:26, “La Perla de Gran Precio” – Otra Escritura canónica de la Iglesia de Jesucristo SUD-).
Por medio de la Expiación de Jesucristo, tenemos el perdón de nuestros pecados. Pero no debemos caer en el contrasentido de ser perdonados y luego no hacer uso de nuestro albedrío para evitar caer nuevamente en lo mismo.
En este mundo de probación, estamos siendo constantemente puestos a prueba en cuanto a nuestra virtud y fidelidad al Padre. Y demostramos nuestra elección obrando el bien que debemos obrar, y evitando lo que va contra los mandamientos de Dios.
Los misioneros mormones te darán toda la ayuda que necesites para que, usando tu albedrío, llegues a la meta y puedas regocijarte con ellos, alabando a Dios.





